El hilo rojo del destino

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¿Estamos las personas predestinadas a conocernos?

Eso dicen los japoneses, que al parecer tienen creencias muy parecidas a las de los antiguos griegos con su media naranja. Para aquellos que no hayáis escuchado nunca el mito, Aristófanes tenía la creencia de que los seres humanos éramos esféricos como las naranjas, y que nos componíamos de cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas, formando una pareja. Algo que al dios Zeus no le gustó y decidió dividir a estos seres en dos, creando por separado al hombre y la mujer o a sus sucedáneos.

A lo que íbamos diciendo, que los japoneses también creen que las personas estamos predestinadas a conocernos. Según ellos, las personas estamos unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique, independientemente del tiempo, las circunstancias… Tenderá a liarse o estar tirante pero nunca se romperá.

Esta creencia surge, cuando se descubre que el dedo meñique se conecta a través de la arteria ulnar con el corazón. De ahí nace esta historia, de que los hilos rojos del destino unen los meñiques con los corazones, simbolizando la unión de sentimientos.

En Japón esta leyenda supone una metáfora recursiva, donde también tienen cabida todo tipo de relaciones como puede ser la de un hijo adoptado con sus padres, en las que se presupone que el hilo rojo ha actuado como unión. En las distintas comunidades donde se ha acogido, son frecuentes en la jerga habitual: “Estamos tirando fuerte del hilo rojo”, o “teniendo puentes con hilos rojos”

La trascendencia de esta historia, ha superado la ficción. Durante el periodo de Edo, en Japón algunas mujeres se cortaban el dedo meñique para mostrarles su amor a sus maridos. Hoy en día, los “yakuzas” hacen el mismo gesto como símbolo de obediencia a su jefe.

Yakuza Mafia Member Showing Hands

Para los más curiosos, ésta es la leyenda que se relata a los niños de los hogares japoneses, y que pasa de generación en generación:

“Hace mucho tiempo, un emperador  se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el  hilo rojo del destino y ordenó que la trajeran ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el  emperador le dijo que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado en donde una pobre campesina con un bebé en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : “Aquí termina tu hilo” , pero al escuchar esto , el  emperador enfureció creyendo que  era una burla de la bruja , empujo a la campesina que aún llevaba a su pequeña en los brazos y la hizo caer haciendo que la niña se hiciera una gran herida en la frente, después ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la  cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y  su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y  llegó el día de la boda y el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente.

Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro, tenía una cicatriz muy peculiar en la frente, pues no era otra que la pequeña niña que había sido empujada en los brazos de su madre.”

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